jueves, 8 de diciembre de 2005

Construcción el el Siglo XX

Para ver el avance de la construcción aquí la veremos con un ejemplo: Casa Milá, Autor Gaudí y Cornet Anton en Barcelona.

El edificio de seis plantas destinadas a viviendas se resuelve alrededor de dos patios interiores, uno circular y el otro ovalado, comunicados entre ellos. Cada una de las plantas de este doble edificio se divide en cuatro habitáculos, cuya distribución proporciona que todos ellos se orienten respecto de una fachada exterior.

Gaudí propone una fachada que integra en la práctica, dos edificios, tratados con un criterio unitario y constituyendo un impresionante bloque pétreo, en constantes ondulaciones y aberturas, otorgándole ya por sus contemporáneos, y en sentido peyorativo, el sobrenombre de La Pedrera (La Cantera). No se trataba sólo de proporcionar aberturas para facilitar la iluminación y ventilación, sino de dotar de un ritmo al edificio, que se conseguiría mediante la combinación del vacío y el lleno.

La fachada debía quedar liberada de las funciones de muro de carga, por lo tanto se optó por la construcción de una fachada autoportante, conectada en cada piso con la estructura interior mediante unas jácenas de hierro curvadas que rodeaban perimetralmente la planta. La fachada es una impresionante, variada y armoniosa masa de piedra ondulante sin líneas rectas donde también el hierro forjado está presente en los balcones que imitan formas vegetales.

La estructura del edificio se resuelve a base de pilares de piedra, ladrillo y hierro, y jácenas; en lugar de utilizar los tradicionales muros de carga, permitiendo así, la distribución interior de las plantas de forma libre, ya que no hay más paredes que las de la caja que ocupa la escalera o las que delimitan los patios de luces.


De éstos últimos arrancan las escaleras que conducen a los pisos principales, los ascensores y escaleras de servicio, y las rampas de acceso a los sótanos, pensados como cocheras y garaje. Es en esta obra donde por primera vez en Barcelona se plantea la idea de aparcamiento subterráneo, que se comunicaba a través de escaleras auxiliares a las plantas del inmueble. Sobre la estructura de los pisos se construyó un zaguán en el que se emplea una solución estructural constituida por una sucesión de doscientos setenta arcos parabólicos de diferentes alturas.

Para la cubierta utiliza la volta catalana, una bóveda de ladrillo de larga tradición en la arquitectura catalana. La utilización de estos arcos catenarios permitían un perfecto reparto de las cargas, entendiéndose así la diferencia de nivel.